Vuelve el ruido a casa. Se terminó la paz. Se terminó la vida dentro de mí misma. Se terminaron los gestos huraños a la nada despreocupada de que la puerta pudiese ofenderse por ellos. Se terminaron los silencios necesarios para conmigo misma, porque ahora hay que volver a pensar por cuatro. Mierda en bote.
Por fortuna, mañana me toca alterar esta rutina que, desde ya, me está aprisionando: me escapo unos días, de camino a un reencuentro con gente que me importa mucho y que en su día suponían también ese ruido agradable de fondo en mi día a día. Es decir, gente que en su día fueron mi familia, por así decirlo. Tengo ganas de verlos, vaya que sí. Y lo necesito, para recordarme que incluso detrás de las nubes sigue brillando el sol.
Y, sobre todo, tengo ganas de que esta sensación de total claridad mental me dure mucho tiempo, porque me estoy dando cuenta de la firmeza con la que estoy afrontando la vida de repente. Será que he madurado, será el bienestar mental y el equilibrio espiritual. Será lo que Dios quiera que sea, pero por favor, que dure mucho, porque de la nada están surgiendo muchas ideas y decisiones que no podían haber resultado ser más acertadas de lo que son.
25 agosto 2012
31 julio 2012
C'est la vie, et comment elle est belle!
La vida es poesía.
He tenido tiempo más que suficiente estos días para quedarme mirando a un completo desconocido, generalmente escogido por el azar ocioso de no estar mirando a ninguna parte en concreto, y detenerme a analizar sus gestos, su manera de hablar, su mirada, las variaciones en su postura dependiendo de su compañía, por supuesto su manera de vestir, y demás minúsculos detalles, e intentando encontrar después relaciones entre estas variables y la nacionalidad del individuo en cuestión.
Mucha gente muy curiosa hay por el mundo.
Está por una parte mi personaje favorito, el misterioso: se trata del chico que nunca me permitió averiguar su nacionalidad porque siempre iba solo, enfundado en unas gafas de sol oscuras, a la sombra de las sombrillas, hinchándose a beber a través de unos labios torcidos en una sonrisa estúpida y casi drogada, fumando puros de noche y guardando todos esos excesos en una mierdita de complexión flaca y desgarbada. Tal vez fuese francés, se me ocurre pensar. Aunque también podía ser alemán. Dios sabrá.
Estaban, por otro lado, los estereotipos más definibles: italianos modernísimos y casanovas que metían mucho ruido, alemanes ultratatuados y con carteles neónicos de amor a Rammstein y sus nazismos, el espeluznante pseudolatino que resultó ser español y que se ganó el mote de Tacabró (¡exacto!, un know how vital calcado al del autor del temazo del verano, el "tacatá"), la mujer hippie que me habló con muchísima dulzura sobre el vegetarianismo y la vorágine del mundo y su niño de cinco añitos que es como un señor en pequeñito, el atractivísimo camarero polaco con el que establecí una química tan sensual...
Me encanta la gente, me encanta la vida, me encanta haber podido disfrutar de una semana de ocio absoluto para darme cuenta de que la vida, después de todo, sigue adelante y es demasiado hermosa como para dejarla escapar entre lamentos.
He tenido tiempo más que suficiente estos días para quedarme mirando a un completo desconocido, generalmente escogido por el azar ocioso de no estar mirando a ninguna parte en concreto, y detenerme a analizar sus gestos, su manera de hablar, su mirada, las variaciones en su postura dependiendo de su compañía, por supuesto su manera de vestir, y demás minúsculos detalles, e intentando encontrar después relaciones entre estas variables y la nacionalidad del individuo en cuestión.
Mucha gente muy curiosa hay por el mundo.
Está por una parte mi personaje favorito, el misterioso: se trata del chico que nunca me permitió averiguar su nacionalidad porque siempre iba solo, enfundado en unas gafas de sol oscuras, a la sombra de las sombrillas, hinchándose a beber a través de unos labios torcidos en una sonrisa estúpida y casi drogada, fumando puros de noche y guardando todos esos excesos en una mierdita de complexión flaca y desgarbada. Tal vez fuese francés, se me ocurre pensar. Aunque también podía ser alemán. Dios sabrá.
Estaban, por otro lado, los estereotipos más definibles: italianos modernísimos y casanovas que metían mucho ruido, alemanes ultratatuados y con carteles neónicos de amor a Rammstein y sus nazismos, el espeluznante pseudolatino que resultó ser español y que se ganó el mote de Tacabró (¡exacto!, un know how vital calcado al del autor del temazo del verano, el "tacatá"), la mujer hippie que me habló con muchísima dulzura sobre el vegetarianismo y la vorágine del mundo y su niño de cinco añitos que es como un señor en pequeñito, el atractivísimo camarero polaco con el que establecí una química tan sensual...
Me encanta la gente, me encanta la vida, me encanta haber podido disfrutar de una semana de ocio absoluto para darme cuenta de que la vida, después de todo, sigue adelante y es demasiado hermosa como para dejarla escapar entre lamentos.
11 julio 2012
Españistán
Ayer pensaba, de vuelta a casa, en lo bien que vivo cada vez que viajo, sin mirar la televisión, sin la desgana por todo en general, en fin, de viaje, en resumidas cuentas. Hoy abro el Correo por ver si me había perdido algo, y me encuentro con una subida del IVA del 18 al 21% en el tipo general, del 8 al 10% en el tipo reducido, y afortunadamente el superreducido que se mantiene en el 4%. Recortes para sindicatos (cuestionable por las implicaciones sociales que tiene, pero seré honesta, los sindicalistas me han parecido siempre vendedores de demagogias muy baratas y con esta medida sí que estoy más bien de acuerdo), funcionarios (pero los de oposiciones, ¡eh!, no los secretarios o subsecretarios de congresistas y demás chupapollas del panorama político-circense actual), recortes en las prestaciones por desempleo, un mayor escalonamiento entre ayuntamientos y esas malditas diputaciones que de verdad a mí me sobran muchísimo... en fin, me he encontrado con que sí que me había perdido bastante estos días. Y esto tan solo unas semanas después de que anunciaran la subida de la luz.
Me da una bochornosísima vergüenza que todo esto esté pasando en un país que hace siglos descubrió el Nuevo Continente y que, en lugar de hermanarse con él, lo sometió y saqueó para luego derrochar riqueza y opulencia, y para el provecho de las naciones que sí supieron partir el bacalao, Suiza, Alemania, almacenando todo el oro de las Américas e impulsando así la actividad bancaria internacional. Los españolitos habían encontrado a unos indios más débiles que ellos así que los masacraron y se aprovecharon de ellos para que currasen para ellos y poder, así, sentirse señoritos, y así fue que celebraron y celebraron y no administraron la ficticia realidad que ese oro a punto de agotarse había creado, y la gloria terminó por desvanecerse para dejar en evidencia que España es un país tan miserable que hoy, 11 de julio de 2012, está viendo su quinto punto de subida del impuesto más importante a pagar en los últimos dos años. Que la historia es cíclica y, como siempre, en España las cosas no se saben hacer bien. Porque así de derrochadores, ostentosos, avariciosos y (sobre todo) estúpidos somos. Así que disfruten de lo votado. Yo por mi parte me alegro de no haber pedido el paro todavía, porque hasta de ahí me querían recortar.
Bienvenida a casa, y tal. Se me están cayendo encima las paredes, por partida doble.
Me da una bochornosísima vergüenza que todo esto esté pasando en un país que hace siglos descubrió el Nuevo Continente y que, en lugar de hermanarse con él, lo sometió y saqueó para luego derrochar riqueza y opulencia, y para el provecho de las naciones que sí supieron partir el bacalao, Suiza, Alemania, almacenando todo el oro de las Américas e impulsando así la actividad bancaria internacional. Los españolitos habían encontrado a unos indios más débiles que ellos así que los masacraron y se aprovecharon de ellos para que currasen para ellos y poder, así, sentirse señoritos, y así fue que celebraron y celebraron y no administraron la ficticia realidad que ese oro a punto de agotarse había creado, y la gloria terminó por desvanecerse para dejar en evidencia que España es un país tan miserable que hoy, 11 de julio de 2012, está viendo su quinto punto de subida del impuesto más importante a pagar en los últimos dos años. Que la historia es cíclica y, como siempre, en España las cosas no se saben hacer bien. Porque así de derrochadores, ostentosos, avariciosos y (sobre todo) estúpidos somos. Así que disfruten de lo votado. Yo por mi parte me alegro de no haber pedido el paro todavía, porque hasta de ahí me querían recortar.
Bienvenida a casa, y tal. Se me están cayendo encima las paredes, por partida doble.
04 julio 2012
"There's no place like London", Sweeney Todd
Londres es la ciudad en la que todo tiene cabida. Un Nueva York en miniatura, o más bien habría que decir que Nueva York es un Londres a lo grande. La capital indiscutible de lo raro, de lo común, de la fama y del individualismo, de las revistas y de los antros grunge, de los maquillajes extremos, la ciudad del eterno carnaval, del metro con su "mind the gap" y los autobuses de mil pisos que paran a dos centímetros del que va delante, la eterna niebla, la capital de la celulitis, de los takeaway, de las Dr Marten's, de las New Age, de las rastas de colores y mil antros sucios para tatuar.
Londres es un recipiente en el que existe todo lo imaginable. Y lo que no existe pero se puede imaginar, acabará existiendo. Londres es como Nunca Jamás, o como el universo, Londres es, en fin, qué os voy a contar si todos los que estamos leyendo esto posiblemente ya conozcamos esta ciudad. Lo curioso es que si compartiésemos vivencias, veríamos cuán diferentes son unas de otras, y es que hay un Londres para cada individuo, como si la ciudad se adaptase a uno como un perfecto guante, el cual, en mi caso, sería sin duda aterciopelado, negro, cómodo y comprado en Camden. ¿Y el tuyo? ¿Cómo sería tu guante? ¿Cómo es tu Londres?
Dos días.
Londres es un recipiente en el que existe todo lo imaginable. Y lo que no existe pero se puede imaginar, acabará existiendo. Londres es como Nunca Jamás, o como el universo, Londres es, en fin, qué os voy a contar si todos los que estamos leyendo esto posiblemente ya conozcamos esta ciudad. Lo curioso es que si compartiésemos vivencias, veríamos cuán diferentes son unas de otras, y es que hay un Londres para cada individuo, como si la ciudad se adaptase a uno como un perfecto guante, el cual, en mi caso, sería sin duda aterciopelado, negro, cómodo y comprado en Camden. ¿Y el tuyo? ¿Cómo sería tu guante? ¿Cómo es tu Londres?
Dos días.
28 junio 2012
Sometimes, I got a good feeling!
Hoy he tenido una de esas venadas curiosas que transmiten sensación de buen rollo injustificado. De alguna manera, por alguna razón, me he olido que good times are ahead, me he olido a Galway (¿qué coño?, no sé, no entiendo) y que, aunque no esté disponible tres meses de tirón por si hipotéticamente y por alguna razón me pudieran amarrar en la empresa (palabras deducibles de una conversación con mi ex jefa) (¡así está el percal!, ¡pensar siquiera en no hacer planes veraniegos tras seis meses sin sosiego para por si acaso hipotéticamente se pudiese alargar el contrato!, ¿se nos va la olla?), esto está sucediendo por algo, y ese algo pudiera ser esa beca que acabo de solicitar.
He tenido un soplo de optimismo venido de la nada y, de verdad, I got a good feeling. Que venga lo que tenga que venir, pero hoy es mi primer día de no-paro y estoy de un humor excelente, todavía depurando los zuritos de anoche y con ganas de comer en familia y hacer algo de ejercicio y luego salir a tomar un café.
Tengo toda la vida por delante para agobiarme, tengo planes porque tengo tiempo y gente que me importa, tengo un nuevo contrato para cubrir este fin de semana y tengo ¡al fin! una talla 38 de pantalones. Hay mucha incertidumbre en el panorama, sí, pero también hay sol en el cielo y una Adriana con ganas de comerse el mundo, que no es algo que se vea todos los días.
Let the sun shine up high in the sky! ¡Feliz jueves!
He tenido un soplo de optimismo venido de la nada y, de verdad, I got a good feeling. Que venga lo que tenga que venir, pero hoy es mi primer día de no-paro y estoy de un humor excelente, todavía depurando los zuritos de anoche y con ganas de comer en familia y hacer algo de ejercicio y luego salir a tomar un café.
Tengo toda la vida por delante para agobiarme, tengo planes porque tengo tiempo y gente que me importa, tengo un nuevo contrato para cubrir este fin de semana y tengo ¡al fin! una talla 38 de pantalones. Hay mucha incertidumbre en el panorama, sí, pero también hay sol en el cielo y una Adriana con ganas de comerse el mundo, que no es algo que se vea todos los días.
Let the sun shine up high in the sky! ¡Feliz jueves!
23 junio 2012
A veces.
A veces me pregunto si no seré yo la que, en palabras de Fito, está cabeza abajo. Si no será que la edad me está pasando ya factura, si no me estaré volviendo un poco cascarrabias con los días, si no me estaré empezando a asfixiar en esta cáscara de nuez en la que por encierro voluntario y Shakespeariano me exilié y que se ha quedado sin espacio infinito del que hacerme dueña. A veces me pregunto si no seré yo, y no el mundo, la que está haciendo las cosas mal, independientemente de la definición real de lo que está bien y lo que está mal.
Los días me pasan despacio pero con excesiva velocidad, no hay sobresaltos y me estoy adormilando en la monotonía de la sucesión de los días. A veces siento que lo prefiero así, todo tranquilo, sin sustos, y otras me acuerdo con nostalgia de aquellas conversaciones con regusto a porro que nunca sabía cómo terminarían, que sabía que igualmente podían explotarme en las manos y dejarme desmembrada como estallar en el cielo y pintarlo de fuegos de colores. A veces creo que sé lo que quiero, otras no sé ni por dónde empezar a buscarme. A veces es blanco, otras negro, otras me reprendo por no respetar el gris, a veces me aborrezco porque mi postura cambia con el viento.
A veces se lo achaco a los años, otras a los tiempos que corren, al igual que a veces se lo achaco a la herencia genética y otras a la pésima influencia sociocultural que padezco. A veces sencillamente me quedo sin nada a que achacárselo y no tengo otro remedio más que constatar que, en efecto, tiene pinta de que yo soy tanta solución como problema, y más problema que solución.
Que estoy encerrada en esta cabecita, que no sé de qué pie cojeo, que evito a la gente y al tiempo no podría vivir sin escuchar el murmullo de la ciudad, que hay una garimba esperando en la nevera y al tiempo me reprocho que me va a costar la media hora que he estado corriendo, que tan pronto me importa como me da igual, que lo mismo cuerda que loca que ni si ni no ni todo lo contrario.
Los días me pasan despacio pero con excesiva velocidad, no hay sobresaltos y me estoy adormilando en la monotonía de la sucesión de los días. A veces siento que lo prefiero así, todo tranquilo, sin sustos, y otras me acuerdo con nostalgia de aquellas conversaciones con regusto a porro que nunca sabía cómo terminarían, que sabía que igualmente podían explotarme en las manos y dejarme desmembrada como estallar en el cielo y pintarlo de fuegos de colores. A veces creo que sé lo que quiero, otras no sé ni por dónde empezar a buscarme. A veces es blanco, otras negro, otras me reprendo por no respetar el gris, a veces me aborrezco porque mi postura cambia con el viento.
A veces se lo achaco a los años, otras a los tiempos que corren, al igual que a veces se lo achaco a la herencia genética y otras a la pésima influencia sociocultural que padezco. A veces sencillamente me quedo sin nada a que achacárselo y no tengo otro remedio más que constatar que, en efecto, tiene pinta de que yo soy tanta solución como problema, y más problema que solución.
Que estoy encerrada en esta cabecita, que no sé de qué pie cojeo, que evito a la gente y al tiempo no podría vivir sin escuchar el murmullo de la ciudad, que hay una garimba esperando en la nevera y al tiempo me reprocho que me va a costar la media hora que he estado corriendo, que tan pronto me importa como me da igual, que lo mismo cuerda que loca que ni si ni no ni todo lo contrario.
11 junio 2012
Hoy hablamos de fútbol: Irlanda-Croacia, desastre máximo.
Al minuto tres, el primer gol; vamos, como en la final de la copa del Rey. Manos a la cabeza y segunda pinta y una sudada de campeonato, y nunca mejor dicho. Empate bastante después. Y, luego, otro gol sin piedad de Croacia. Y descanso.
No he visto buen fútbol. Irlanda estaba lenta, francamente floja y muy poco a la altura de otros equipos a los que les va a tocar enfrentarse, léase España el miércoles. Me he vuelto a casa con la cena del take-away de debajo de casa, unas hamburguesas bien gordas para la familia mientras llamaba a aita rogándole que me metiera un par de Guinness más a la nevera. Hemos cenado mientras veíamos el segundo tiempo, corroborando todos que en efecto ha sido un fútbol un poco barato, y personalmente cagándome en el comentarista porque ha decidido dar por hecho que Croacia y España se van a enfrentar, es decir asumiendo que Croacia machacará a Italia el miércoles (cosa que veo más bien poco probable) y que después España se comerá a Irlanda (lo cual para mi pesar tiene pinta de que sí va a suceder). Oh, y entre discusión y discusión, el tercer gol de Croacia. A robar carteras.
La cosa es que a lo tonto me he bebido setecientas pintas de Guinness, que tengo la pintura de la cara emborronadísima y que la bandera de mi paisito NO SE MUEVE DE ESTA PARED hasta que a mí me dé la gana que así sea. Y mira que el miércoles soy la única de la casa que apoya a Irlanda, pero con el orgullo que me dan solo por haber entrado a competir en soccer, que no es ni mucho menos la especialidad deportiva del país, se merecen que esa bandera se quede aquí conmigo por los siglos de los siglos.
We'll answer Ireland's call. Venga, chicos, que no está todo perdido. Sois los mejores del mundo pese a que en el campo de fútbol no sea así. Y os apoyamos desde lugares de la tierra muy remotos porque sois especiales. Y no hay más que hablar.
03 junio 2012
Esta soy yo
Ahora que ya ha terminado el curso y que mi única responsabilidad es seguir cumpliendo en el trabajo, cuento con mucho tiempo para darle vueltas al coco. Este hecho se hace muy evidente en cualquiera de las diez veces diarias de media que me estoy parando a pensar en el ritmo desenfrenado que lleva el mundo.
Hace un par de días trabajé rodeada de publicistas. Gente (salvo excepciones, claro está) arrogante, imaginariamente posesores de un altar en plena atalaya social, despectivos y esencialmente desagradables. Supongo que es la actitud natural en un sector que un amigo mío tildó de (literalmente) extraterrestre, tras muchos años dedicado a una profesión cercana. En fin, tal vez sea normal volverse un poco hijo de puta cuando tienes que pelearte con uñas y dientes para sacar adelante un proyecto que, por supuesto, si sale adelante, te hará embolsarte cantidades ingentes de dinero cada día, y te hará creer que eres dueño de un pedazo de cielo (o, en este caso, atalaya social a la que solo los más selectos, es decir, los que estén a tu nivel o por encima de ti, tienen acceso).
Lo considero un punto de vista erróneo. Veía día tras día pasar a la misma mujer, que se cambiaba de ropa de dos a tres veces al día, con sus evidentemente operadísimos labios, y ella me miraba por encima del hombro, con un gesto casi de oler a mierda cada vez que pasaba cerca de mi stand. Solo me dijo "buenos días" el tercer día de congreso, y fue para preguntarme acto seguido si podía enterarme de qué otro congreso estaban montando en la otra parte del pabellón.
Ante esta situación, yo me sonreía. Pobre niña rica, me solía decir Pepito Grillo. ¡Se va a perder tantísimo mundo solo por no considerarlo suficientemente a su altura...!
Aprecio el estilo de vida que llevo ahora. Bueno, tal vez no hasta ahora, esto de compaginar el último curso y un trabajo no ha sido sencillo y me he ahogado un poco en el tiempo. Pero sí, en el fondo supongo que también lo aceptaría como agradable. Sí. Me gusta el estilo de vida que llevo. Trabajo cuando me toca, con horarios y calendarios al revés del mundo como este sector requiere, por un sueldo más bien humilde pero que me permite llevar una vida muy digna al lado de los míos. Y es que a mí la dignidad no me la da mi dinero, sino mi gente. Mis padres, mi hermano, mis cuatro Amigos contados, Pipo. Yo, sin ellos, podría nadar en billetes, pero también en soledad. Y si algo me van enseñando estos años que cada vez me pesan más en el intelecto, es que la soledad es agradable en dosis muy reducidas y controladas, porque una vez superas esa dosis tan mínima, te consume. Igualito que la avaricia del dinero.
Tal vez un día cite aquí a unos maravillosos filósofos estadounidenses que han publicado un ensayo precioso sobre las enseñanzas morales de Harry Potter. Tal vez un día me anime a compartir con vosotros la idea que nos transmite Dumbledore sobre la piedra filosofal, que va más o menos en la línea de lo que acabo de escribir. Tal vez. Pero no será hoy. Porque hoy es mi noche para soñar que, aunque no me haya dado ni cuenta, he alcanzado un estado de mucha, mucha plenitud personal. Y eso... eso no lo compra ni todo el oro del mundo.
Hace un par de días trabajé rodeada de publicistas. Gente (salvo excepciones, claro está) arrogante, imaginariamente posesores de un altar en plena atalaya social, despectivos y esencialmente desagradables. Supongo que es la actitud natural en un sector que un amigo mío tildó de (literalmente) extraterrestre, tras muchos años dedicado a una profesión cercana. En fin, tal vez sea normal volverse un poco hijo de puta cuando tienes que pelearte con uñas y dientes para sacar adelante un proyecto que, por supuesto, si sale adelante, te hará embolsarte cantidades ingentes de dinero cada día, y te hará creer que eres dueño de un pedazo de cielo (o, en este caso, atalaya social a la que solo los más selectos, es decir, los que estén a tu nivel o por encima de ti, tienen acceso).
Lo considero un punto de vista erróneo. Veía día tras día pasar a la misma mujer, que se cambiaba de ropa de dos a tres veces al día, con sus evidentemente operadísimos labios, y ella me miraba por encima del hombro, con un gesto casi de oler a mierda cada vez que pasaba cerca de mi stand. Solo me dijo "buenos días" el tercer día de congreso, y fue para preguntarme acto seguido si podía enterarme de qué otro congreso estaban montando en la otra parte del pabellón.
Ante esta situación, yo me sonreía. Pobre niña rica, me solía decir Pepito Grillo. ¡Se va a perder tantísimo mundo solo por no considerarlo suficientemente a su altura...!
Aprecio el estilo de vida que llevo ahora. Bueno, tal vez no hasta ahora, esto de compaginar el último curso y un trabajo no ha sido sencillo y me he ahogado un poco en el tiempo. Pero sí, en el fondo supongo que también lo aceptaría como agradable. Sí. Me gusta el estilo de vida que llevo. Trabajo cuando me toca, con horarios y calendarios al revés del mundo como este sector requiere, por un sueldo más bien humilde pero que me permite llevar una vida muy digna al lado de los míos. Y es que a mí la dignidad no me la da mi dinero, sino mi gente. Mis padres, mi hermano, mis cuatro Amigos contados, Pipo. Yo, sin ellos, podría nadar en billetes, pero también en soledad. Y si algo me van enseñando estos años que cada vez me pesan más en el intelecto, es que la soledad es agradable en dosis muy reducidas y controladas, porque una vez superas esa dosis tan mínima, te consume. Igualito que la avaricia del dinero.
Tal vez un día cite aquí a unos maravillosos filósofos estadounidenses que han publicado un ensayo precioso sobre las enseñanzas morales de Harry Potter. Tal vez un día me anime a compartir con vosotros la idea que nos transmite Dumbledore sobre la piedra filosofal, que va más o menos en la línea de lo que acabo de escribir. Tal vez. Pero no será hoy. Porque hoy es mi noche para soñar que, aunque no me haya dado ni cuenta, he alcanzado un estado de mucha, mucha plenitud personal. Y eso... eso no lo compra ni todo el oro del mundo.
28 mayo 2012
Fotolog
Hace solo unos días, en plena confusión etílica sazonada por una gran desilusión deportiva, alguien me dijo que lo echaba de menos. El Fotolog. Y todo lo que este suponía: las reflexiones, las tonterías, la posibilidad de seguir un hilo narrativo de cada hazaña, pequeña o grande, de esta vida insignificante que hago llamar "mi vida" y que no es más que una vida de la cual yo soy.
Lo cierto es que yo también lo echo de menos. Fotolog era el recipiente virtual para los pensamientos que se condensaban día tras día. Daba lo mismo hablar sobre Irlanda durante días, contar lo aburrida que era determinada clase, o partir de una nimiedad y elaborar una reflexión filosófica digna de un erudito. Fotolog me recibía, en él podía volcarme toda entera y dejar escapar mediante una pequeña válvula todo lo que se me venía en gana.
De alguna manera me atraía también su formato. Una foto, un título y un texto, de las cuales solo eran evitable el título y el texto. De forma que la foto se volvía el centro de lo que tenías que contar, y por ende aquello que a veces te hacía desarrollar los pensamientos en una u otra dirección. De alguna forma, Fotolog solo obligaba a un elemento inspiracional, y a partir de ahí, lo que consiguieses desarrollar era cosa tuya. Supongo que ese era el reto de Fotolog, aquello que nos mantenía enganchados a los poquitos que ya formábamos una especie de familia Floggera.
Un día, cambiaron su formato. Es comprensible. Un altísimo porcentaje de sus usuarios son latinoamericanos, y (sin objetivo de pecar de nada), seamos honestos, son un público que necesita una plataforma que les dé importancia a sus fotos, no a lo que escriben o piensan, sencillamente porque son una sociedad con un nivel formacional, educativo, lo que sea, mínimo. De manera que una foto les pesa más que un texto. Y es por ello que Fotolog escuchó la tendencia de su nicho de mercado mayor, y transformó mi válvula de escape en una plataforma que ahora no admite más de 300 caracteres por foto. Eso sí, con un formato muy innovador, muy bonito y muy moderno. Pero insuficiente lo mire por donde lo mire.
Yo también lo echo de menos. No puedo prometer que retomaré la costumbre que tenía de escribir en él y seguir haciéndolo en este blog, pero sí prometo que lo intentaré, y que volverá el contenido desplastificado, desenvuelto y natural que reinaba en aquella pequeña familia Floggera.
Lo cierto es que yo también lo echo de menos. Fotolog era el recipiente virtual para los pensamientos que se condensaban día tras día. Daba lo mismo hablar sobre Irlanda durante días, contar lo aburrida que era determinada clase, o partir de una nimiedad y elaborar una reflexión filosófica digna de un erudito. Fotolog me recibía, en él podía volcarme toda entera y dejar escapar mediante una pequeña válvula todo lo que se me venía en gana.
De alguna manera me atraía también su formato. Una foto, un título y un texto, de las cuales solo eran evitable el título y el texto. De forma que la foto se volvía el centro de lo que tenías que contar, y por ende aquello que a veces te hacía desarrollar los pensamientos en una u otra dirección. De alguna forma, Fotolog solo obligaba a un elemento inspiracional, y a partir de ahí, lo que consiguieses desarrollar era cosa tuya. Supongo que ese era el reto de Fotolog, aquello que nos mantenía enganchados a los poquitos que ya formábamos una especie de familia Floggera.
Un día, cambiaron su formato. Es comprensible. Un altísimo porcentaje de sus usuarios son latinoamericanos, y (sin objetivo de pecar de nada), seamos honestos, son un público que necesita una plataforma que les dé importancia a sus fotos, no a lo que escriben o piensan, sencillamente porque son una sociedad con un nivel formacional, educativo, lo que sea, mínimo. De manera que una foto les pesa más que un texto. Y es por ello que Fotolog escuchó la tendencia de su nicho de mercado mayor, y transformó mi válvula de escape en una plataforma que ahora no admite más de 300 caracteres por foto. Eso sí, con un formato muy innovador, muy bonito y muy moderno. Pero insuficiente lo mire por donde lo mire.
Yo también lo echo de menos. No puedo prometer que retomaré la costumbre que tenía de escribir en él y seguir haciéndolo en este blog, pero sí prometo que lo intentaré, y que volverá el contenido desplastificado, desenvuelto y natural que reinaba en aquella pequeña familia Floggera.
13 mayo 2012
"La insoportable levedad del ser", Milan Kundera
Me gusta, de entrada, cómo empieza esta obra: comentando el "eterno retorno" según Nietzsche, es decir, la teoría de que la historia es cíclica, es decir, de que la vida es una constante repetición de escenas que ya conocemos. De ahí parte el autor para expresar que, si esto fuese cierto, esa carga tan pesada que nos supone la vida, el ser, se volvería leve, porque sabríamos que el porvenir no sería sino la repetición de lo que ya conocemos, lo cual ¡le quita todo riesgo y todo miedo a la insoportabilidad de la existencia!, volviéndose la misma, de esta manera, leve, discutiblemente más positiva que cuando la considerábamos insoportable.
Ahora que ya he explicado el porqué de un título tan confuso y que suena tanto a términos filosófico-antropológicos incomprensibles, paso a lo verdaderamente interesante de la historia: los personajes. Una inmigrante, un cirujano, el escenario de la República Checa durante la guerra fría, el sexo, la traición, la existencia. Es una historia sobre distintas vidas que se entrecruzan, sobre sentimientos que tú y yo tenemos también, sobre reflexiones que tú puedes pincelar tal vez pero a las que Kundera les pondrá nombres y apellidos. Una obra maestra en la que todos nos podemos ver reflejados, aunque sea solo parcialmente.
Y es que a fin de cuentas el ser sí que es un poco leve; lo que les pasa a ellos me puede pasar a mí o le puede pasar a tu vecino. Eterno retorno. Tal vez Nietzsche tenía razón, o tal vez no. Pero si te apetece pensar mientras te dejas llevar por una historia arrebatadora, este libro te interesa.
http://www.epubgratis.net/la-insoportable-levedad-del-ser-milan-kundera/
Ahora que ya he explicado el porqué de un título tan confuso y que suena tanto a términos filosófico-antropológicos incomprensibles, paso a lo verdaderamente interesante de la historia: los personajes. Una inmigrante, un cirujano, el escenario de la República Checa durante la guerra fría, el sexo, la traición, la existencia. Es una historia sobre distintas vidas que se entrecruzan, sobre sentimientos que tú y yo tenemos también, sobre reflexiones que tú puedes pincelar tal vez pero a las que Kundera les pondrá nombres y apellidos. Una obra maestra en la que todos nos podemos ver reflejados, aunque sea solo parcialmente.
Y es que a fin de cuentas el ser sí que es un poco leve; lo que les pasa a ellos me puede pasar a mí o le puede pasar a tu vecino. Eterno retorno. Tal vez Nietzsche tenía razón, o tal vez no. Pero si te apetece pensar mientras te dejas llevar por una historia arrebatadora, este libro te interesa.
http://www.epubgratis.net/la-insoportable-levedad-del-ser-milan-kundera/
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