11 enero 2013

El infierno de los taxis en Vilnius

Es de sentido común que, a la hora de coger un taxi en Vilnius, si sabes de qué va el asunto, te plantees dos, o tres veces, si realmente quieres hacerlo. ¿Por qué?, muy sencillo: porque es muy común que te quieran cobrar un precio muy superior al oficial, porque es posible que te encuentres taxistas sin taxímetro, porque si eres un turista te darán una vuelta innecesaria y te cobrarán un precio astronómico que, al cambio a tu moneda, no te parecerá ni exagerado siquiera. Mil razones, una única manera de combatirlas: QUEJARSE.

Estoy en plena campaña de "spread the word" con este asunto, así que me vais a permitir que me haga oír por encima del murmullo de encogimientos de hombros que ensordece a esta ciudad.

Para empezar, hay que saber que coger un taxi al azar en la calle es más caro, de entrada, que llamar a uno previamente (todo estaría así solucionado, de no ser porque a día de hoy yo no he conseguido hablar con un solo taxioperador en inglés...). Por tanto, esa es la primera idea: mejor llamar y reservar el taxi de antemano que coger un taxi cualquiera en la calle. Además, al llamar al taxi previamente, te dirán el precio aproximado que vas a pagar, evitando así engaños futuros. El número de la centralita más "legal" de Vilnius (dado que todos los taxímetros están controlados desde la central y el cliente paga, ni más ni menos, lo que los números indican) es el 1450 si llamas desde número lituano, (85) 233 33 37 si llamas desde número extranjero. Suerte con el tema del idioma.

¿Y qué pasa si, como podría ser del todo normal, llegas al aeropuerto y no tienes batería en el móvil? La idea más inteligente en este caso es acudir a la oficina de turismo que hay en el aeropuerto de Vilnius (horario de lunes a domingo de 9 a 21 horas), solicitar que te llamen a un taxi y que, con tu cheque de precio fijo previo al viaje, cojas el taxi que te han llamado. También puede ocurrir que tu vuelo llegue fuera del horario de esa oficina de turismo; en ese caso no te queda otra, tendrás que saltar al primer taxi de la cola, arriesgándote así a que te roben a mano armada, que es un suceso lamentablemente común en esta ciudad. Dicen que también es posible pactar un precio con el taxista antes de subirte al vehículo, pero claro, para eso el tipo deberá saber inglés (¡¡¡te deseo suerte otra vez!!!) y tú deberás tener una referencia previa de cuánto puede costar el trayecto para no exigir precios de risa.
¿Y qué pasa si llegas por primera vez al aeropuerto y no tienes ni idea de todo esto que te estoy contando? Pues que te subirás al primer taxi que veas con toda tu buena voluntad, te timarán, a posteriori te enterarás del engaño, y el mal sabor de boca que esto te provocará marcará mucho tu estancia para mal. Además, seguramente después de esta poco positiva experiencia, harás una búsqueda en Google y posiblemente por ello llegarás a mi blog.

Si, por cualquier motivo, tenéis que subiros a un taxi en el que creéis que os han podido timar con el precio, pedid un ticket, un resguardo, un receipt, para poder formalizar la queja posterior sin mayor problema. Tampoco está de más que os apuntéis el nombre y número de centralita de la compañía de taxi, y si además podéis anotaros la matrícula del taxi que os ha transportado, mejor que mejor. Pero eso lo explicaremos más adelante. Sigamos con los "trucos" para evitar timos.

Si lo de llamar al taxi es algo que no te convence, o sencillamente no has sido capaz de hacerlo porque en todas las terminales en las que lo has intentado no hay ni Cristo que hable nada más allá del lituano, te sugiero la siguiente opción, que requiere un poco más de previsión pero también puede resultar útil: reservar el taxi por Internet. Viene a ser lo mismo que llamar al taxi, pero evitando el lío que supone tener que andar guardando números y demás. La página web donde se puede hacer esto es http://etaksi.lt/en/book-taxi-online (¡con versión en inglés, y todo!) y el formulario es muy sencillo de rellenar, solo hay que indicar el trayecto, el número de pasajeros y, si así lo queremos, solicitar que el taxi nos espere en la terminal de llegadas indicando también nuestro número de vuelo. Al formalizar la reserva, nos indicarán aproximadamente lo que nos va a costar el trayecto. En el formulario siempre nos piden un número de teléfono móvil; esto es simplemente para enviarnos un mensaje de texto con el número de placa (matrícula) del taxi que nos va a ir a recoger, para evitar confusiones y no montarnos en el taxi equivocado, con todo el embrollo y timo que ello supondría. Si optáis por esta alternativa, no reservéis con demasiada antelación (en el mismo día valdrá), por si el encargo "se pierde". Mi experiencia me dice que esta página web es de fiar.

Dicho esto, y entendiendo que los timos son de lo más comunes, procedamos a la siguiente cuestión: ¿qué pasa si yo no tenía ni puñetera idea de todo este percal hasta ahora y me han engañado igualmente y quiero levantar la voz? Bueno, aquí es donde entra mi propia campaña. Como decía, seguramente habrás llegado a mi blog en esta situación, así que ahora es cuando, antes de ofrecerte un sucedáneo de solución, te cuento por qué el sistema de taxis está tan podrido.

Resulta que el taxista de Vilnius cobra 425 LT de salario bruto medio (1 LT = 0'3 € aprox.) y tiene que pagar un impuesto que varía de los 2000 a los 3000 LT anuales por su oficialidad como taxista. En efecto, ¡los números no cuadran!, se trata de una profesión muy mal remunerada. Y ¿qué hacen entonces los taxistas para sobrevivir y sacar adelante a sus familias? Valerse del timo, por supuesto. El sistema está corrupto desde las raíces. Subir todas las tarifas estándar, o bajar los impuestos, pero algo tiene que hacerse desde la administración municipal (y dejo ahí las sugerencias porque no soy experta en la materia).

Y precisamente por este motivo es necesario que el cliente haga oír su voz: porque yo, como turista, o visitante, o estudiante, no tengo que pagar por la pésima gestión que están realizando las autoridades locales del sistema de taxis. Es más, evitar el problema a través de las triquiñuelas que mencionábamos no va a ayudar a solucionar la podredumbre de este sistema; sencillamente evitaríamos el problema y nos lavaríamos las manos. Así que recomiendo y ruego que, si habéis tenido alguna mala experiencia en algún taxi de Vilnius, optéis por la queja formal, que posiblemente no llevará a nada ni os devolverá vuestro dinero, pero al menos engordará el número de personas insatisfechas con la situación y así, al hacer recuento de qué tal van los taxis a final de año, el ayuntamiento se dará cuenta de que las cosas no se han solucionado en absoluto. La manera más sencilla de quejarse es a través de este enlace: http://www.vno.lt/en/tips-for-passangers/faq/complaints-offers/index.php. Se trata de un apartado para quejas implantado por el aeropuerto de Vilnius, el cual rebota las reclamaciones serias al departamento de Tráfico del ayuntamiento.

Por favor, luchemos contra esta basura todos juntos. Encogerse de hombros y esquivar los problemas no contribuye a una sociedad mejor. Sí, por el contrario, levantar la voz y dejar de subestimar nuestras capacidades como clientes.

21 diciembre 2012

A unas horas de volver a casa por Navidad, como el turrón

Y, de repente, se acabó la espera. Se terminaron los tachones en el calendario, ¡adiós a la cuenta atrás!. Solo vuelvo a casa por quince días, pero es una tregua muy merecida y más que necesitada por este corazoncito.

No veo el momento de posar la maleta en la cinta pesapecados, pasar el control de seguridad y sencillamente dejarme llevar, literalmente, por encima de las nubes. Sobrevolar Europa, decirle adiós por unos días a este país, volver a escuchar mi idioma, volver a ver a la misma gente de siempre, abrazar a mi madre, a mi padre, a mi hermano, despertar y que los ojos de Miguel sean lo primero que vea en el día, permitirme unas lágrimas que muestren mi dicha, susurrarle con la voz ronca algo ininteligible que bien significará algo así como que su presencia es lo más hermoso que me ha pasado en la vida.

No veo el momento de hacer vida normal por unos días, relajarme, destensar todos los músculos y sonreír, sonreír porque no hay motivos para estar triste.

Son las 23.14, en cuatro horas y media tengo que estar en pie y ni siquiera me he acostado, pero realmente no me veo capaz de pegar ojo esta noche, estoy hiperactiva, estoy nerviosísima, Dios mío, por fin, por fin, se acabó esperar, gracias Señor porque te pedí fuerza y me has regalado la mejor ocasión para demostrar que soy fuerte.

19 diciembre 2012

A tres días de volver a casa...

Estoy nerviosa. Nerviosa, sí. Yo. Con las rodillas cual mantequilla. Porque, en tres días, le voy a volver a ver.

Estoy nerviosa porque ese sol, por nombre Miguel, el más brillante de todo mi universo, va a estar allí, en ese aeropuerto de llegada, esperando, esperándome, ¡a mí!, hormiguita donde las haya, pequeñez hecha grande a sus ojos.

Estoy nerviosa porque he soñado cada noche con sus manos asiendo las mías, con sus labios acariciando los míos, con su risa flotando cerca de mi cuello, con sus ojos dejándose caer a los míos... y en solo tres días le voy a volver a tocar las manos, a besar la boca, a hacer reír a carcajadas para retroalimentarme con su risa.

Estoy nerviosa porque voy a reencontrarme con la persona a la que más quiero en este mundo.

Me parece surrealista estar escribiendo esto, pero, Dios, es TAN real, que parece un sueño.

15 diciembre 2012

Él

Oh, well.

Que no voy a conseguirlo, me dicen. Que estando rodeada de Erasmus es más fácil ser infiel que fiel, me comentan. Ante lo cual yo me río, le doy otro trago a mi solitaria cerveza y respondo que no necesito a nadie que no sea ese hombre que me espera en casa. Llevo varias noches escuchando chorradas del calibre de "¡oh!, te llevaría a la cama con mucho gusto" o "¡oh!, tu novio es muy afortunado".

Mierda, es que no tenéis ni puta idea. Si le conocieseis, sabríais que no hay más afortunada que yo, de poder quererle, de QUERER quererle y de estar deseando volver a casa para cubrirle de besos y hacerle el amor durante horas, días, años.

13 diciembre 2012

Iberlibro

Acabo de descubrir la Octava Maravilla.

Se llama Iberlibro y es una empresa en línea que se dedica a mediar entre el lector y diferentes librerías del mundo. Con un buscador de lo más avanzado y eficiente, Iberlibro localiza los autores, títulos. ISBN o editores que busquemos, y nos da los datos del ejemplar: año de edición, si está o no usado, librería en la que se encuentra, etc.

Ofrece, además, la posibilidad de comprar dichos libros en línea: Iberlibro gestiona el pedido con la librería, y posteriormente este queda en manos del comercio en cuestión. Es por ello que se paga no solo el libro sino también una comisión por mediación (aunque esto no lo cuentan en su web, claro está, pero una que investiga sobre sus hábitos de consumo), pero yo creo que merece la pena porque (y aquí viene lo interesante de la cuestión) Iberlibro localiza libros actuales y descatalogados por igual.

Como digo, acabo de descubrir esta web, pero he encontrado una rareza de libro que ya llevaba bastante tiempo buscando sin éxito. El trámite del pedido dependerá de la librería, que está en Madrid y que no conozco, pero, desde luego, este intermediario acaba de ganarse otra visitante habitual para su página web. Es más, ya ando buscando el segundo ejemplar que quiero conseguir.

Visita obligada si andas detrás de alguna rareza, de alguna antigualla, de un libro en arameo moderno, o sencillamente de un ejemplar de segunda mano que no te cueste muy caro.

Échale un vistazo a la página web oficial de Iberlibro

12 diciembre 2012

¡Pamplinas!



Estallar, renacer, carcajadas, el aire, el aire en los ojos, una lágrima, la risa, volar, el mar, infinidad, infinito, finalidad, tú, volver, el turrón, las ganas, te quiero.

El Báltico, ortodoxos, judíos, todos, ninguno, nadie, tú, mi norte, mi sur, el este, marchar, ¡me marcho!, maletas, la prisa, te vuelvo a querer.

Tic tac, la espera, la nieve, silencio, sonrío, feliz, diez días.

05 diciembre 2012

Le echo de menos.

Le echo de menos.

Le echo de menos cada noche que me acuesto en la más absoluta soledad, autoacompañada por pensamientos que generalmente procuran hacer más ameno el proceso de caer dormida estando sola y, peor aún, sintiéndose sola. Le echo de menos cada día que amanece oscuro y miro por la ventana y veo todavía más nieve que la mañana anterior y me vuelve a parecer inquietante que no me abrace por la cintura mientras vemos nevar juntos. Le echo de menos cada tarde de café nublado por la presencia y conversación de gente que no me interesa ni me aporta demasiado. Le echo de menos en cada cerveza lituana, en cada glögi navideño, en cada copa de vino caprichoso. Le echo de menos cada vez que enciendo una vela para cenar un poco menos sola. Le echo de menos en cada autobús o trolebús al que me subo. Le echo de menos. Cada día, cada hora, cada minuto.

Le echo de menos y a veces es positivo hacerlo. Es positivo porque me florece la sonrisa más sincera cuando me doy cuenta de la suerte que tengo de poder echarle de menos, de tener en casa a una persona tan especial soñando con verme llegar. Es positivo porque echarle de menos es sinónimo de que este cariño no hace más que crecer. Es positivo porque estamos sobrellevando esta situación con un aplomo inesperado, con una valentía digna de dos personas que se han cambiado la vida mutuamente, con los ánimos por las nubes. Le echo de menos, y es positivo porque pienso en la Navidad a su lado y todo me compensa sin lugar a dudas.

Le echo de menos, aunque a veces no es tan positivo hacerlo. No es tan positivo, porque hay días en los que me despierto con una losa de pena de la que me cuesta mucho despojarme durante el día. Porque cuando el Skype se corta mientras abro un poquito el corazón para él, me llevan los demonios. Porque, mientras que a veces dos semanas parecen un suspiro, hay otras en las que me parecen demasiado eternas como para no morir de la necesidad, de la pena, de la agonía, antes de que pasen.

Le echo de menos. Con todo lo bueno y lo malo que ello supone, y con la incansable fiesta de fuegos artificiales y colores y petardos y vaivenes de noria y consecuentes mareos que me provoca hacerlo. Todo es variable, todo va a ratos, le echo de menos, le echo de menos, le vuelvo a querer, diecisiete días, le echo de menos, esto está chupado, un día más de trabajo, esto se acaba enseguida...

26 noviembre 2012

Veintiséis de mil colores

Existen en este mundo personas que escriben sus días con colores y que, sin ser apenas conscientes, empañan de una inesperada neblina de color toda existencia que pasa por su lado. Personas a las que la vida, por casualidad, te conecta, y de las que empiezas de repente a recibir torrentes de colores, de texturas, de olores. Personas que te hacen darte cuenta de hasta qué punto la vida es toda una obra de arte que, en sus manos, va a tener una apariencia mucho más hermosa, mucho más emocional.

Existen, asimismo, pinceladas aleatorias que esas personas le sueltan al aire. Pinceladas que, por casualidad, pueden recaer sobre individuos cuya vida consistía hasta el momento en una paleta, más bien sencilla, de colores básicos, como para pintar rutinas plastificadas en un cuadernillo para niños. Pero llegan esas pinceladas... y, de repente, todo es arte, todo es color, todo es vida.

Existen, a manos de estas personas de colores, pequeñísimos detalles que hacen de este mundo, de tu mundo, un lugar mucho mejor: un SMS inesperado, una sonrisa a través de Europa que llena de luz el autobús, villancicos en lituano anunciando el reencuentro, una carta en el buzón.

Hoy ha sido un día de colores. Colores que huelen a Miguel. Colores que decoran mis días y que me hacen, hoy también, ir a la cama con una sonrisa tallada en este corazón, tan colmado de magnificencia y dicha, que hasta se marea a ratos en este caleidoscopio de colores tan brillantes.

¡El colmo del absurdo, el colmo de la belleza!

Que tú, niño de mis ojos con esa sonrisa que ilumina hasta el más gris de los días, me hayas pedido color para tu cielo grisáceo esta mañana...

Que tú, la más tierna y cálida calefacción para mi alma, necesites escucharme reír para que florezca la paz en el reino de tus pensamientos...

Que tú, hombre valiente y hecho y derecho, me suspires cada noche que me quieres...

¡... es el colmo del absurdo!

¡Qué bonito es querer! ¡Qué bonito es ser querido al mismo tiempo! ¡Qué bonito es hacerte feliz con el absurdo! ¡Qué bonito es que me hagas feliz con lo que, sorprendentemente, a ti te supone también el absurdo!

¡Qué bonito es quererte! ¡Qué bonito es que hoy, día 26, nos queden solo 26 días!, y ¡qué bonito es que me pintes de colores y de calidez y de cariño cada mañana, cada tarde y cada noche! ¡Qué bonito es tenerte a mi lado... por muy absurdo que sea!

24 noviembre 2012

Excursiones rarunas a la lituana

Hoy nos hemos ido de excursión a Trakai, a unos 20km al oeste de Vilnius, para visitar la impresionante fortaleza de la isla de Trakai que, a fuerza de pocas o casi nulas competidoras, es en la actualidad la estampa más turística de Lituania.

Autobús de ida. Estar en la cola para entrar en el autobús y que un tipo (lleno de rastas y con cara de haberse fumado un par de porritos hace no demasiado rato), un par de personas por delante de nosotras, se gire, nos mire a los ojos y diga una incomprensibilidad en lituano que sonaba mucho a "¿no tendréis por casualidad un par de litas que prestarme para pagar el billete?". A lo cual le respondemos que "Ispanija". Entiéndase usted con sus paisanos si se ve capaz, señorito... Total, que el tipo no se dirige a nadie más y nosotras compramos nuestros billetes (3LTL con carnet de estudiante), nos sentamos en el autobús, arrancamos, y el tipo de la cola, a partir de ahora referido como "el rastafari" (adivinen por qué), se levanta de su asiento, se acerca a nosotras y, en un perfecto inglés, nos pregunta si de verdad somos españolas. Aquí es cuando empieza la sucesión de cosas rarunas: primero, y con objeto de, supongo, intentar hacer amigos, nos enseña en la pantalla de su terminal móvil un vídeo de las manifestaciones en Barcelona. Mi compañera conversa sobre el tema sin tener mucha idea de lo que habla, y yo miro por la ventana pensando qué coño cartel de neón tendremos para que todos los locos se crean que queremos escuchar sus andanzas. Acto seguido nos pide que escuchemos una canción en castellano. Insiste, nos ponemos un auricular cada una y, tras dedicarle la sonrisa más fríamente cortés que puedo componer, más de lo mismo: yo me hago la sueca y prefiero que me dejen mirando por la ventanilla cómo pasan las coníferas, mientras que mi compañera comenta la jugada. Tras ello, y tan truculentamente como ha llegado, el rastafari se da media vuelta y se vuelve a su asiento. Sin palabras.

Llegar a Trakai, un paseo entre lagos, divisar la fortaleza, pasear por el interior de la misma, precioso el lago colindante, precioso el ambiente de pueblecito dedicado a vender cuatro souvenirs en mal estado, preciosos los bosques a los que no les queda ni una hoja para guardarse de este frío del averno, preciosos los mil destellos de gris que tienen estas aguas, precioso ese olor lejano que empieza a dejar entrever el comienzo del invierno. Un plato combinado y una buena cerveza lituana, un café y una cata de chocolate, y vuelta a la estación de autobuses.

¡Casualidad!, un autobús a punto de salir hacia Vilnius. Perdón, he dicho autobús, pero quería decir minibus. Y con lo de "mini" me refiero a que, como mucho, en ese vehículo había 12 asientos. Amablemente y en un perfecto lenguaje de signos (tras decirnos la mayor mentira que se escucha en este país, que es la de "English yes!"), nos ha cobrado el señor conductor 3'40LTL por el viaje. Y es curioso, cuanto menos, que haya permitido pasajeros extra (es decir, por encima de la capacidad de los asientos del cochecillo) hasta el punto de estar petado hasta las ventanillas. Vale que solo sea media hora de viaje y que el lamentable estado de las carreteras no permita una velocidad considerable como peligrosa, pero aún así, ese comfort y esa manera de viajar violaba por completo todo lo que mi antigua jefa habría permitido en una compañía directa o indirectamente relacionada con el turismo.

En conclusión, estos lituanos son la monda. Que lo que es la excursión ha estado muy bien, pero los habitantes y las costumbres de este pueblo no dejan de sorprenderme cada día...